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sábado, octubre 04, 2014

La fiesta de Asier

Asier Gallastegi es un consultor y amigo que se define a sí mismo como ”enredador”, una palabra con significados diversos, casi contradictorios. Suena casi como insulto “¡eres un enredador!”, pero no lo es si lo entendemos como alguien que crea nudos, relaciones, contactos, ...

Asier nos invitó a una fiesta para celebrar el quinto aniversario de su proyecto de enredar “Konpilatzen”. Había que llevar dos cosas, un poco de hambre y un objeto para hacer un pequeño juego, una exposición de elementos relacionados con los ámbitos de actividad de Asier: educación y aprendizaje, ciudadanía, organizaciones y equipos, sistémica, escucha y narrativa, innovación, tecnología y cambio.

Yo lleve un pingüino de plástico que utilizo en ocasiones como representación física de los clientes. Muchas veces hablamos de ellos sin saber muy bien que es lo que piensan. Por eso, en ocasiones viene bien ponerles físicamente en la conversación para preguntarles “¿Y tú, qué opinas?”. El pingüino no contesta mucho, pero a veces solo con cambiar el tiempo verbal, ya parece que la cosa cambia.

No obstante, en la fiesta fue sobre todo útil lo primero: el hambre y las ganas de pasarlo bien conversando y compartiendo canapés e ideas. En los funerales, suele surgir un deseo que normalmente no se realiza: “a ver si quedamos en otros momentos”. Por eso es muy de agradecer la convocatoria enredadora de Asier.

viernes, abril 16, 2010

Sobre Quino y las ventanas


Un viejo amigo me manda una hermosa viñeta de Quino. Realmente genial. Estuvimos los dos compartiendo viaje diario de trabajo, junto con otras dos compañeras, durante varios años. Ahora los cuatro somos muy buenos amigos, creo que sobre todo por los viajes. Dos horas diarias de conversación dan para mucho.

Mi amigo es muy escéptico con esto de la blogosfera, las redes sociales y el mundo 2.0. En su opinión, un hiper espacio descontrolado no contribuye a la libertad de pensamiento sino todo lo contrario. Es como dos niños, uno rico y otro pobre, uno con muchos juguetes y otro solo con uno, uno aburrido con todos y otro feliz con uno solo.

Vivimos en un mundo con hipertrofia informativa, cualquiera puede lazar al espacio cualquier idea. Hay tantas posibilidades que casi no hay ninguna. En mi lista de bloglines tengo apuntados 75 blogs, pero solo leo tres o cuatro cuando me acuerdo, que no es muy a menudo (Tampoco me acuerdo de escribir en este blog, ¡uff, que agobio!). En mi mando de la tele tengo un montón de canales de acceso gratuito, a cada cual más penoso salvo algunas excepciones. Si me asomo a Internet y pregunto por cualquier tema, por extraño que sea, me aparecen cientos de referencias.







Con tantas posibilidades, a uno casi le apetece apagar todo y mirar por la ventana, la ventana de verdad, la que nos enseña siempre el mismo paisaje. Las mismas casas de enfrente (al arquitecto que las hizo le deberían meter en la cárcel por hacer algo tan feo), la misma carretera, el vecino que de vez en cuando sale a la huerta, los mismos cables de la luz, etc. Cambia la luz pero uno no puede darle a la tecla para seleccionar opciones del menú. Cuando llueve, llueve; es lo que hay.

No se, habrá que hacer como Quino, poner todo al revés a ver que pinta tiene …

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