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miércoles, diciembre 28, 2016

Deseos para el 17: escuchar a las personas desorientadas

Hace unos días acudí una vez más a la jornada de fin de año de GSR. Este año el contenido principal fue una charla de Jordi Llecha sobre “La escucha generativa, una aproximación a la validación”. El auditorio, las trabajadoras de GSR, mayoría femenina abrumadora, cuidadoras de personas mayores, muchas de estas desorientadas.

Jordi hizo un primer ejercicio para entrar en materia: hacerse pasar un mayor desorientado, con gorra y bastón, y representar algo que sucede en los centros de mayores: alguien se levanta de la silla y dice que se quiere ir a su casa. Las respuestas que a menudo ofrecemos desde nuestra pobre escucha son explicar que no se puede ir, engañar, seguir la corriente, distraer … y también ordenar, amenazar, chantajear, manifestar indiferencia, burlar, contener.

La propuesta de Jordi es la “validación”, una manera nueva de mirar el “cuidar” a las personas mayores desorientadas. Basada en la terapia desarrollada por Naomi Feil en los años 60/70, parte de una pregunta ¿Desde dónde conversamos/escuchamos a otra persona?, ¿desde nuestras preocupaciones y nuestras tareas?, ¿o desde los datos que se nos plantean en la conversación?, ¿o desde la persona a quién escuchamos? Solo es posible una escucha eficaz si “nos ponemos” en el otro, en su contexto, sus emociones y nos abstraemos por un momento de nosotros mismos.

A nivel práctico, “estar en el otro” requiere de dos acciones muy concretas y no especialmente complejas: primero buscar el contacto visual a la misma altura, conectar a través de la mirada, y después preguntar sin llevar la contraria con la intención de asomarnos a su mundo interior, acercarnos a sus emociones y a sus necesidades, a los hechos pasados que están detrás de su comportamiento actual. Fue muy interesante un video de una conversación real en la que una mujer se quejaba del muñeco que había perdido cuando en el fondo nos estaba hablando del hijo que perdió, representado simbólicamente en el muñeco.

Volviendo a los deseos para el 17, me pregunto por el grado de desorientación de las personas con las que converso habitualmente y por el mío propio, que algún punto de despiste seguro que tengo. Intuyo que la propuesta de Jordi es también interesante para nuestras conversaciones, levemente desorientadas; basta ver el tipo de conversaciones que circulan habitualmente por los mundos reales y digitales.

En resumen, ¡lanzo mis deseos de buenas escuchas generativas para el 2017!

lunes, febrero 18, 2013

Las cosas del querer

Hace unas semanas acudí como invitado a una reunión interna de la plantilla de GSR S.Coop., empresa cooperativa del grupo Mondragón, dedicada a gestionar residencias y centros de personas mayores. En esta reunión, donde la casi totalidad de las asistentes eran mujeres, habló un hombre Rafael Cristóbal, médico psiquiatra.

Rafael nos habló sobre los cuidados en un centro para personas mayores, “unas personas ajenas, que no son de la familia”. Hay tres niveles de atención: los cuidados básicos, la estimulación cognitiva y la comunicación afectiva. Hoy se trabajan bien los cuidados básicos (alimentación, higiene, atención médica, etc.) y se han dado importantes pasos en la estimulación cognitiva a través de un conjunto diverso de actividades, con lo que queda la tarea de avanzar también en el tercer nivel: la comunicación afectiva.

No es un paso sencillo, porque como nos recordó Rafael, la comunicación afectiva es más fácil con los niños; son guapos, huelen bien y encima nos recompensan con sus avances. Con las personas mayores es un poco más complicado pero igual de necesario, aunque en este caso no existan avances y sí retrocesos.

¿Y esto, cómo se hace? En las organizaciones programamos casi todo; protocolos, reuniones de mejora, objetivos, indicadores, etc., pero estas acciones no son suficientes si lo que queremos es que nuestra gente que se comunique afectivamente con las personas mayores a las que atienden. El querer no se planifica.

La solución en parte nos la dio al final el gerente de GSR, Iñaki Roa cuando, haciendo un resumen del año, nos habló de querer-amar a la empresa, a las personas que en ella trabajan y a las personas mayores a las que se atienden.

A mí sus palabras me sonaron tal vez extrañas; no es habitual que los gerentes hablen de estas cosas y menos ahora que estamos recortándolo todo. Pero como conozco un poco a Iñaki y a su equipo, sé que sus palabras tienen un fondo de realidad.

Lo que parece evidente es que en los espacios donde trabajamos se producen relaciones de afecto entre las personas que inciden en nuestra satisfacción como trabajadores/as y también en la satisfacción de las personas para las que trabajamos, en este caso los mayores a los que atendemos. Reconocer que es así es el primer paso para pensar que podemos hacer algo para mejorar “las cosas del querer”.

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