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viernes, noviembre 27, 2015

Balance de una experiencia en Getxoblog

Ya casi ha pasado una semana desde Getxoblog. A la velocidad que fue el acto casi que la mayor parte de las ideas estarán en el olvido; muchas propuestas, muchos estímulos simultáneos, todo rápido. Esto de tener muchos ponentes con poco tiempo, una pantalla a sus espaldas que emite otros mensajes, más otra pantalla en las manos con más mensajes que van y vienen, es un poco como el juego de la gallinita ciega, con los ojos cerrados y sin saber muy bien que pasa.

Tuve la oportunidad de participar en la mesa de aprendizaje y educación, con Itziar Kerexeta, Gorka Palazio e Iñaki Murua. Hablamos de medios digitales para la educación; y también de conversaciones no digitales. Dos mundos complementarios a la búsqueda de un equilibrio complejo por el riesgo de que lo digital nos deje sin espacio para lo presencial. Tal vez sea un paso necesario y en el futuro redescubramos el placer de conversar a la luz de una vela, sin más medios que nuestras palabras y nuestros gestos.

En todo caso, agradecer a Mikel y resto de organizadores por la invitación y la experiencia, que fue muy interesante. También por la comida posterior, una buena oportunidad para la conversación (no digital). En mi corro particular, conversamos sobre las posibilidades de los medios digitales para la participación social y las nuevas tareas que estas posibilidades ofrecen para gestores y ciudadanos/as. Imaginemos posibilidades y retos para opinar (¿decidir?) sobre pequeñas o grandes cuestiones que afectan a nuestra vida.

Yo, con todo esto, me acordaba de una frase de Emilio Lledó “vuelvo a la educación, a la necesidad de que en la escuela enseñemos a los niños a pensar por sí mismos”.

viernes, noviembre 20, 2015

Conversaciones (no digitales) en GetxoBlog

Mañana sábado reunión de blogueros en Getxo #GetxoBlog. Se hablará de mirada de las blogueras, aprendizaje, educación, solidaridad, moda, excursiones, comic, etc. Habrá entrega de premios y cata de aceite con pan, entre otras cosas.

Tengo mi pequeño momento de gloria, formo parte de la mesa de aprendizaje y educación que coordina Itziar Kerexeta y en la que estarán también Iñaki Murua, con "Cibercomunidades de Aprendizaje" y Gorka Palazio con "Mensajería instantánea para la educación, la llegada de los autómatas".

Hablaré de “Conversaciones no digitales”, un título en negativo que no me gusta pero entiendo necesario por aclarar de lo que estamos hablando. Hemos aplicado el verbo “conversar” a tantas tareas, algunas muy diversas, que hemos difuminado su sentido original.

Por intentar recuperar una idea precisa, me atrevo a proponer que una conversación es un intercambio de descripciones, recuerdos, ideas, propuestas, etc., entre un grupo reducido de personas que comparten un espacio físico común, a través de sus palabras y su lenguaje no verbal y con la finalidad de llegar a acuerdos y propuestas comunes.

Una conversación óptima requiere además de algunos requisitos complementarios, como por ejemplo:
  • Equilibrio físico y jerárquico. La capacidad de un jefe, propietario, gerente, etc. de conversar depende en gran medida de su capacidad de dejar de serlo en el momento en que está conversando.
  • Escucha activa. Atención plena al resto de interlocutores en los momentos en los que tienen la palabra.
  • Mínima planificación, que permite reorientar de modo flexible el discurso.
  • Tiempo suficiente para que pueda desarrollarse esta flexibilidad.
  • Ausencia de elementos que perturben o interrumpan el devenir de la misma.

Visto así, muchas de las tareas a las que hemos llamado “conversaciones” no lo son, por ejemplo un grupo de WhatsApp o una videoconferencia, ni tampoco una comida en la que miramos el móvil cada seis minutos.

Mi presencia surge de una conversación provocada por la casualidad. Un contracto con Mikel Agirregabiria en la Semana de la Gestión Avanzada y una pregunta “¿Qué haces últimamente?” ... “trabajar sobre los temas de la conversación y la escucha, la conversación cara a cara”. Y de ahí una invitación a contarlo.

Una conversación breve pero productiva.

lunes, noviembre 24, 2014

Sobre máquinas y emprendedores

El pasado sábado estuve en Getxo Blog, una reunión de blogeros que se organiza todo los años gracias a la energía de algunos de ellos, como Mikel Agirregabiria. Agradecer a Isabel Sanchez que me lo recordara, que ha sido muy interesante.

Compartíamos el hecho de tener blogs pero poco más, un grupo muy heterogéneo. Había frikis, niños grandes traviesos, dedicados a meter el dedo en el la pantalla y las ideas ajenas. También gente del mundo de la gastronomía y del aceite. Han tenido el detallazo de montar una degustación de aceite, con unas muestras de diferentes tipos, entre ellos un aceite recién exprimido, hace solo unos pocos días. Hoy he entendido el motivo por el que las aceitunas maduras cogidas del árbol me sabían tan distintas del aceite al que estoy acostumbrado. También mujeres que cuentan y que se obligan a sí mismas al consenso (la mayoría no es suficiente). Y otras muy diversas tribus digitales...

Y gente del mundo de la educación. Me gustó mucho la ponencia de Sonia Prieto González y Teresa García Oviedo hablando de la importancia de trabajar los valores del emprendimiento en la escuela desde una edad temprana. Emprender, aceptar riesgos, desarrollar proyectos, no es solo una tarea de jóvenes sin posibilidades de encontrar un trabajo por cuenta ajena; es una tarea de toda la sociedad.

Frente a esta idea, me resulto inquietante la presentación de Gorka Jakobe Palazio hablando de la internet de las cosas, un futuro lleno de máquinas inteligentes interconectadas que van a generar en 20 años una cifra de negocio (no la apunté) de no sé cuántos trillones de dólares.

Me quedé con dos preguntas que no pude formular. La primera, ¿cómo se calcula el valor de un negocio dentro de veinte años si los cálculos publicados para dentro de un año son tan poco certeros?. Y sobre todo, ¿qué aporta a nuestra capacidad de emprender, de desarrollar nuevos proyectos el hecho de que nuestro cubo de la basura tenga un chip que le decida por nosotros cómo clasificar nuestros detritus?. Como decía Groucho Marx, “que paren el mundo que me bajo”.

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