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jueves, septiembre 26, 2013

Sucedió en el camino


Haciendo el camino fui testigo de una situación que no sé muy bien como valorar. Un día llegue a un albergue privado,un lugar limpio, tranquilo, por lo que decidí hacer noche. En la entrada un cartel anunciaba: “A las 10 se cierra la puerta y se apaga la luz”, lo que me llevó a pensar que esa noche iba a dormir mejor, después de haber tenido la víspera un grupo cantando hasta más tarde de las 12 debajo de mi ventana. Después de hacer la inscripción, me comentaron también que dejara las botas fuera de la habitación, en un espacio habilitado para ello.

Ya instalado en el lugar, llegó una peregrina que solicitó alojamiento. La conversación inicial con la persona que le atendió en recepción (también mujer) no pude escucharla pero si la que tuvieron ambas en el espacio habilitado para dejar las botas y que fue más o menos así: “tiene que dejar las botas fuera, en este lugar” ... “no tengo otro calzado, ¿por qué tengo que dejarlas aquí?” ... “mire, si todo son inconvenientes, creo que es mejor que le devuelva el dinero y se vaya a otro albergue” ... “si, no tengo intención de dormir en un sitio tan desagradable, que tratan de este modo a los peregrinos”.

Mi primera reacción fue de un cierto horror, ¿cómo se le puede decir a un cliente que se vaya?. Pero ahora cuando recuerdo la escena no tengo tan claro el juicio que me merece la actuación de la posadera. Lo dejo en manos de los lectores ...

miércoles, agosto 28, 2013

¡Buen camino!

Mucho tiempo sin escribir. Las bicicletas serán para el verano pero no los blogs; no por lo menos en mi caso. Viajes por la Habana y Santiago (de Compostela). Unos en avión y otros a pie. Andando el camino me acordé de unas declaraciones de un ministro cubano a una pregunta de un estudiante de su país sobre la posibilidad de facilitar los vuelos fuera de la isla: “si todo el mundo volara, menuda trabazón que se iba a crear en los cielos”, creo recordar que le contestó el ministro.

Los gobiernos tienen la capacidad de saber lo que necesitan sus ciudadanos sin preguntarles. Aquí, por lo menos, tenemos la capacidad de votar cada cuatro años, cosa que ningún cubano menor de 60 años ha tenido oportunidad. Y hoy es fácil saber lo que opina la gente; basta solo con enredar en la pantalla.

Volviendo al camino, surgió en mi mente una idea que mis gobernantes tampoco van a escuchar pero que me tomo la libertad de lanzar: dedicar una parte del presupuesto de defensa, de sanidad y de educación a la realización de viajes a pie a diferentes destinos, del mismo modo que se viaja a Santiago: andando por los caminos donde anda la gente de cada país, comiendo su comida, durmiendo en sus casas, conversando con la gente. No vale viajar en avión a un hotel lleno de turistas que comen comida para turistas y que visitan los lugares desde un autobús de turistas.

En mi ficción de blogero creo que se reducirían los conflictos, se aumentaría la salud de la población y se incrementaría su cultura. ¡Buen camino!

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