miércoles, noviembre 19, 2008

Miedo al cambio


Seguimos debatiendo ideas en el foro Hobest. Una cuestión importante es determinar si esta crisis es una más, o el síntoma evidente de un cambio más profundo. Alfonso nos pasó la referencia de un artículo de Josep Ramoneda, publicado en El País, que se decanta por la segunda opción. “La crisis actual es, en cierto modo, el estallido final de un proceso de individualización”, acudimos al “desmontaje … de unas sociedades jerarquizadas … en que cada ciudadano tenía un puesto asignado casi de por vida”.

Estamos en cambio y hablamos de la transformación de las organizaciones: ¿que es exactamente esto? Transformar es conseguir organizaciones formadas por personas con ganas de funcionar en clave de conocimiento. Julen nos propone que no hay un camino único, pero parece claro el objetivo: generar valor en clave de conocimiento. A nuestros hijos ya no les valdrá aquello de estudiar mucho para aprobar una oposición, tendrán que romperse el coco. Y con un poco de suerte pueden llegar a pensar que les ha tocado la lotería por no haber aprobado la oposición, que uno pasa muchas horas en el trabajo para no hacer nada interesante.

Entramos en un nuevo escenario en el que hay muchas oportunidades para las personas que aceptan la falta de seguridades definitivas; pero también muchos temores. El mundo se divide en personas temerosas y personas confiadas; las temerosas no quieren saber nada de lo nuevo que viene. Su tarea es poner barreras por todos los lugares: barreras para no perder privilegios, para que no vengan a mi ciudad los pobres del sur, para que nada se rompa, todo siga igual. La religión se ha pasado toda la vida alimentando nuestros temores y eso no se cambia de modo sencillo.

Si los caminos para transformar son muchos, creo que uno de ellos tiene que ver con la disolución de los temores frente a lo nuevo que viene, aceptar que lo que perdemos es menos que lo que ganamos. Esta es una percepción evidente para muchas de las personas que han dado el salto, pero no tanto para las que están en vías de darlo, sobre todo si el cambio se produce de un modo forzado. Intuyo que una parte de las personas que ahora se van a quedar en paro, saliendo de organizaciones muy jerarquizadas, poco creativas, pensarán dentro de unos meses que han mejorado con el cambio, aunque ahora no son capaces ni siquiera de imaginarlo.

PD: Unai va en el puesto 20, están ya cerca del ecuador

domingo, noviembre 09, 2008

¡Aupa Unai!



Comenta Alfonso que las ganas de hacer no se compran con dinero, y que sin ganas hay poco que hacer. Creo que una de las tareas que nos podemos proponer es identificar a las personas que tienen ganas de hacer lo que a la mayoría no nos apetece. Como un catálogo laico de “vidas ejemplares”; más que nada porque si los que hacen el cabra siempre encuentran algún emulador, tal vez nos animemos a emular en positivo.


Yo propongo a Unai Basurko, por sus ganas de meterse solo en un barco durante un montón de días asumiendo el riesgo de perderse por el camino. Ya se que tiene un montón de apoyos, que hace lo que le gusta, que es más duro trabajar en la mina, … pero me merece un gran respeto.


¡Aupa Unai!


miércoles, noviembre 05, 2008

La ventana de Alfonso (Vázquez)



















Hay días en los que nos ponemos de acuerdo para compartir un mismo pensamiento. El 22 de diciembre por la tarde es el día de la salud, el 31 de diciembre de las buenas intenciones. Hoy es -gracias a un resultado electoral- el día de la esperanza; puede que algo nuevo empiece hoy en este delicado planeta azul, aunque nada empieza ni acaba realmente en un único día.

Ayer estuve en una reunión organizada por Hobest para hablar del último libro de Alfonso Vázquez “Estrategias de la Imaginación”, de sus propuestas y sus consecuencias. Alfonso lleva años hablando y escribiendo de las cosas nuevas que vienen. Conozco a Alfonso desde hace veinte años y siempre me abre una ventana, una oportunidad de acceder a lo que viene.

Escribe Alfonso sobre el cambio de prioridades que define nuestro mundo. Las empresas ya no dependen del capital, dependen del conocimiento de las personas, de sus ganas de aportar. Pero las ganas no se compran con dinero. Si no nos apetece, nos podemos tirar toda la vida poniendo cara de tontos; muy buenos trabajadores pero tontos.

¿Cómo crear entonces las condiciones para que las personas pongan en marcha su potencial, como hacer para que el personal tenga ganas de aportar?. Alfonso lo deja muy claro, no se pueden hacer trampas. Por ejemplo, pagar más, o mejorar las condiciones laborales, o declarar que los trabajadores son muy valiosos son acciones que pueden ayudar pero no son en si mismas suficientes. El requisito es la sensación de propiedad, nos apetece aportar cuando nos sentimos propietarios de nuestro trabajo, cuando no viene otra persona a marcarnos el camino.

La conclusión es drástica, el mundo de trabajo está basado en organizaciones en las que unos tienen la propiedad y el mando, y otros realizan la tarea. Las cooperativas distribuyen la propiedad entre sus trabajadores pero muchas de ellas mantienen la línea jerárquica en la distribución de lo que hay que hacer. El nuevo modelo exige ambos requisitos, ser propietario de mi actividad y de mi tarea. Los modelos que no cumplen estos requisitos están en vías de extinción.

Claro que la aplicación de estas ideas es diferente en función del tipo de actividad. No es lo mismo un hospital, o una empresa de forja, que un profesional del mundo de la consultoría o del arte. ¿Es posible expandir este modelo?. Algunos ejemplos de que es posible se mencionaron en la reunión.

A mi solo se me ocurren dos posibles caminos: aplicárnoslo a nosotros mismos y contar a los demás lo que hacemos.

Si nos creemos el modelo tenemos que empezar por ponerlo en práctica en nuestro trabajo. Si estamos en la cabeza, dando oportunidades para que las personas sean propietarias. Si no lo estamos, buscando trabajos en los que sea posible esta propiedad. Tal vez no nos apetezca y prefiramos dedicar nuestras energías a otras actividades fuera del horario laboral, pero es una pena porque el trabajo es casi la mitad de nuestra vida consciente.

Y después contarlo; unas ventanas abren otras. El paso da miedo y no todas las experiencias tienen éxito pero si fracasamos nos quedará el consuelo de que seremos más sábios.


PD Julen también estuvo y ha escrito sobre ello.

miércoles, octubre 29, 2008

El momento de la verdad de las encuestas



Muchos comentarios (1, 2 , 3, ...) sobre la importancia de hablar, sobre las limitaciones de las encuestas para conocer, pero ahora todo parece girar en torno a las encuestas. Leo que la distancia entre Obama y MCain se acorta; hace unos días era entre 6 y 9 puntos pero se ha reducido a 4. Si tenemos en cuenta el margen de error todo puede suceder; ¡queridos colegas, el margen de error nos puede salvar!.

Bueno, las encuestas son solo números, una intención declarada de lo que las personas van a hacer el día 4. Lo que hagan realmente será otra historia, sin hablar de sus motivos para declarar hoy o para hacer mañana. Lo que parece evidente, que las encuestas no son solo un medio. Las electorales sin duda, el resto también.

lunes, octubre 20, 2008

Alemania año 1469


Alemania año 1469, imagino una reunión de impresores discutiendo las posibilidades de la nueva técnica desarrollada por Gutenberg veinte años antes. Discusiones acaloradas sobre tipografías, papeles, prensas, tintas, etc. Fuera el mundo sigue su camino, ajeno a la reunión, incapaz de entender lo que allí se estaba hablando, de intuir que unas generaciones más tarde, todo aquello se extendería por la sociedad, gracias en gran parte a aquellas reuniones de seres extraños. Hoy nadie habla ya de tintas y prensas, solo importan las palabras y las ideas que se difunden a través de ellas.

El viernes pasado estuve en una reunión de “aprendices”; tuve la sensación de estar en Alemania en el año 1469, veinte años después de la aparición de la imprenta.

Artículos en blogs acerca de esta sesión
Petxakutxatarrak - Iñaki Murua
7º Taller - Larri
Duras críticas al taller ;o) - El Agorante Aberrante


PD: La foto no es mia.

martes, octubre 14, 2008

Hacer play back



Conversación reciente con unos amigos: “a un compañero de nuestro hijo le ha dicho la profesora de música que haga play back”. La conversación se refiere a un niño de diez años que acude a clase de música en un centro escolar. Como sucede en muchas ocasiones, alguien ha decidido por los demás.

Lo comento con horror porque entiendo la música como una actividad necesaria. Creo sinceramente que cantar o interpretar un instrumento mejora la vida propia y de quienes nos rodean. Música como actividad para la que todos estamos capacitados, del mismo modo que lo estamos para leer o para sumar. No todos seremos Pavarotti, pero tampoco todos somos García Márquez o Albert Einstein.

Aprendí a cantar con mi amiga Anabe (no la puedo vincular porque vive felizmente en el mundo 1.0). Anabe me contó algo interesante: las personas que afirman no saben cantar, que tienen mal oído, son víctimas de un comentario escuchado en su infancia: alguien les dijo que no sabía cantar y se lo creyeron a pies juntillas. Se quedaron con el mensaje para el resto de sus vidas y no se atrevieron a intentarlo, del mismo modo que otras personas con el comentario contrario se abrieron sin temores al mundo musical. Este pensamiento inicial determino las ganas de cantar o de callar de cada uno.

Como dice Barack Obama, “podemos”, ya que el problema no está en nuestras cuerdas vocales o en nuestros tímpanos sino en nuestras neuronas.

sábado, octubre 04, 2008

Notoriedad y silencio




Esta semana he estado en dos actos con mucho “power point”, mucha presentación, muchas ganas de contar y convencer. La competencia en el púlpito es mucha y solo con buenas ideas no vale, hay que hacer un show. En Vitoria, con la Cámara de Álava, un señor vestido de negro nos contó chistes malos y de dudoso tono, “una mujer recatada es el tercer tipo de mujer, sin catar, catada y recatada” . Una charla interesante, no se si a pesar o por los chistes. En Zamudio, con Euskalit, un ponente nos pidió ponernos a dar saltos.

Sucede en todos los ámbitos y no es nuevo, un buen producto o servicio necesita destacar en el océano de mensajes. Tenemos que hacer ruido para que se fijen en nosotros; si después les fallamos no volverán pero si no hacemos ruido no vendrán. Pero generar notoriedad es una tarea imprevisible. Es como cuando alguien cuenta un chiste, puede que los demás no lo escuchen o que no lo entiendan o que lo entiendan al revés.

Los medios de comunicación y las personas con proyección pública tienen obviamente las mayores posibilidades de hacer ruido, y por ello una mayor responsabilidad. Hace unos días estaba yo viendo en la tele una información sobre un humanoide que había asesinado a balazos a varias personas. Había grabado previamente en video un simulacro y los periodistas lo presentaron ante la audiencia junto con otro video anterior, realizado en las mismas condiciones. Contaban que se había inspirado en este video para realizar el suyo. Yo pensé, bueno no hay dos sin tres y alguien estará viendo las diferencias a ver si las mejora. Un horror.

Pero con esto del 2.0 y las nuevas tecnologías se amplían las posibilidades. Todos somos emisores, receptores y reboteadores de mensajes, con lo que nos tenemos que hacer nuevas preguntas ¿de que escribo? ¿me planteo alguna limitación?. Hace unos días Iñaki Murua escribía sobre la necesidad de hacer callar el ruido. A mi me queda solo una conclusión: el silencio, no hablar, escribir o participar en nada que se relacione o sea consecuencia de las acciones y los objetivos de cualquier persona o grupo que se atribuya la capacidad de no respetar la libertad de los demás.

viernes, septiembre 26, 2008

Datos comunes en encuestas de satisfacción



Me he puesto a enredar en mi ordenador, releyendo viejos estudios de satisfacción. De su lectura me ha surgido la idea de unir los resultados de varias encuestas en un fichero único. Como dicen los periodistas, un estudio “sin valor científico”, más que nada porque he juntado unas pocas contestaciones de satisfacción (no llegan a 100) con diferentes empresas, con distintas preguntas y escalas de valoración, redactadas obviamente para cada caso estudio. Lo he llevado todo a una escala única de 0 a 10 y a seis criterios: valoración global, trato personal, información, calidad del producto, gama y plazo de entrega.

No pretendo llegar a conclusiones definitivas porque lo que he hecho es metodológicamente muy discutible y sobre todo porque las encuestas recogen solo una parte de la realidad de la satisfacción, opino. Escribe Mikel sobre las limitaciones de las encuestas de satisfacción y habla de que tal vez las nuevas tecnologías puedan ayudar a superar estas limitaciones; en parte puede, pero sigo pensando que una conversación cara a cara no se mejora con nada.

Voy a los resultados. La primera conclusión: la satisfacción global es bastante elevada, de media 7,4, con un porcentaje de suspensos (valores inferiores a 5) en torno al 4%. No es nuevo; no podemos considerar que un cliente está satisfecho si nos valora con un 6 o un 7, los clientes realmente satisfechos son solo los de sobresaliente. Es normal, los clientes se están aprobando a ellos mismos, que han decidido previamente comprar a quién ahora valoran.

La segunda conclusión, la importancia del trato personal, que es lo mejor valorado (media de 8,2) y lo que más correlaciona con la satisfacción global (r=0,67). Nos gustan las personas que nos atienden y ellas son las que tienen los mejores medios para provocar nuestra satisfacción como clientes. La experiencia personal de Julen es realmente gráfica.

Lo que menos nos gusta es el plazo (media 6,7). Casi el 20% de las puntuaciones en este criterio son suspensos y la diversidad de respuestas es también la más elevada. Un 10/15% de los clientes suspenden en este criterio pero aprueban en la valoración global. Tenemos prisa pero no nos quedamos insatisfechos solo por los retrasos si las personas nos atienden bien.

La calidad de producto tiene una buena valoración media (7,2) pero su correlación con la satisfacción global no es muy elevada (r=0,39). Solo con buenos productos no conseguimos satisfacción.

La gama de productos es el criterio que menos correlaciona con la satisfacción global (r=0,37). Importa más la calidad que la cantidad, lo que hagas hazlo bien.

La información se correlaciona mucho con el trato personal (r=0,56). Queremos que nos traten bien pero no nos sirve una sonrisa tonta.

Estas son mis conclusiones. Tal vez no sean muy originales pero no está de más confirmar las intuiciones con algún dato.

PD. Para los que no lo sepan, la correlación es la relación que existe entre dos variables; si siempre que bebo me emborracho será porque ambas cosas están muy relacionadas. Se mide de varias formas, una de ellas es la r de Pearson, que puede ir de –1 (relación total inversa) a 0 (no hay relación) y a 1 (relación total directa).

sábado, septiembre 13, 2008

El tiempo todo lo cura


Como bien lo explica Centinel, esto del acelerador de partículas tiene su punto. Hay una probabilidad -muy remota, casi nula, aunque como no experto, confio en los que saben- que no podamos comentar nada en el futuro. Pero, como ya ha sucedido en otras ocasiones, lo razonable es que nos encontremos dentro de unos meses releyendo lo que hoy hemos dicho y escrito.

Es lo que tiene el paso del tiempo, que todo lo pone en su sitio. Un ejemplo; hace unos días estaba yo en la sala de espera de una empresa y, matando el tiempo, me encontré con la siguiente frase de un experto en el mundo de la construcción. No apunté el nombre de la revista ni del autor, pero si el texto literal, que reproduzco:


“En mi opinión a medio plazo seguirá esta tendencia de suave desaceleración de la construcción, pero la economía en general no se resentirá pues se verá compensada por otras variables en ascenso como los bienes de equipo o la exportación ...”

Sin comentarios. Por cierto, he decidido no corregir demasiado las cosas que escribo en este blog; me da en la nariz que es mucho más divertido.

domingo, septiembre 07, 2008

Me han hecho una encuesta



Hace unos días me hicieron una encuesta. Fue en agosto, cuando parece que todo se para; suena el teléfono fijo y una voz masculina inquiere “¿le importaría contestar a unas preguntas, tan solo unos minutos?” ... “bueno, si no es demasiado larga”. A los que hacemos encuestas siempre nos gusta conocer como las hacen los demás.

Ya estaba yo un poco extrañado de que alguien llamara en agosto a un teléfono fijo, ahora que todo lo hacemos con los móviles, pero la extrañeza fue creciendo a medida que la voz iba lanzando preguntas. Primero aparatos domésticos, luego seguros, unas preguntas sobre conocimiento de temas sanitarios y finalmente publicidad “¿qué marcas recuerda haber visto anunciadas en el periódico estos días?” ...”pues ni idea” ... “bueno pero seguro que recuerda algo” ... “pues no tengo ni idea, pero si necesitas que recuerde ya me lo invento” ... “vale”.

Las encuestas es lo que tienen. Hace varios años hice un sondeo electoral para un periódico que ya no existe (“La Gaceta del Norte” en su última fase) y para aprovechar el trabajo de los encuestadores hicimos también unas preguntas sobre comportamiento sexual. La mitad de las personas nos mandaban a hacer puñetas en el momento que pasábamos de la valoración de Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, a la frecuencia con la que hacían el amor. Pero el periódico publico un interesante reportaje, muy comentado por toda la ciudad.

Vuelvo a la encuesta de agosto. Mi anónimo encuestador y yo seguimos adelante con la conversación: el preguntaba y yo respondía. Era como un pacto de no agresión, tu no me tienes mucho tiempo al teléfono y yo respondo lo que haga falta para que finalices tu trabajo.

Al acabar me quedé pensando sobre el valor de mis contestaciones, pensamiento del que surgió una convicción: les importaba un pimiento lo que yo hiciera o recordara exactamente, necesitaban un resultado, una foto fija de la realidad, independiente de la realidad misma.

Las fotos fijas nos sirven para respondernos ante las preguntas complejas, las preguntas difíciles de contestar. Me imagino los directivos de una empresa que se acaba de gastar un montón de dinero en una campaña de publicidad preguntándose si lo han gastado bien o mal. Es muy difícil contestar a esto con una base real; intuyo que un porcentaje les dejará algo tranquilos. Lo mismo hacemos cuando nos explicamos por un signo zodiacal. Yo soy Piscis, y con eso puedo explicar todas mis grandezas y mis miserias.

martes, septiembre 02, 2008

Comer juntos



El sábado pasado estuve de boda. No como invitado sino como miembro del coro Lirain en la boda de una pareja de este pueblo, Gorliz. Nos llamaron para a cantar y allí fuimos. Sorpresa grande cuando veo que el sacerdote que oficia la ceremonia es mi amigo Txomín Bereciartua, del que he hablado en otros escritos dentro de este blog.

Llega la comunión y Txomin plantea: “ya se que unos comulgaréis y otros no; si me gustaría recordar el sentido original de la comunión, que era simplemente comer juntos, sin ninguna otra connotación, por lo que os invito a compartir la comunión, independientemente de vuestras creencias”.

A la salida me confesó que tiene algunos colegas que le quieren mandar al infierno.

miércoles, agosto 27, 2008

Síndromes y bares


Vaya semana, todo el barrio blogero escribiendo sobre sus depresiones porque se acaba la juerga. Esto de escribir por obligación, sin demasiados contenidos interesantes da miedo. Es como la prensa, que a falta de noticias las busca donde puede.

Será porque yo este agosto no he ido lejos ni he dejado totalmente de hacer algunas tareas laborales, con lo que no tengo demasiado “síndrome”. He estado unos días en el pueblo de mis abuelos. Karrantza no es exactamente un pueblo, es un valle hermoso, lleno de pequeños núcleos de población, en uno de los cuales está la casa familiar desde la que hice la foto de arranque.

Karrantza es pueblo, nada que ver con el barullo urbano. Está demasiado lejos de la ciudad para que nadie se permita vivir allí e ir a trabajar a la urbe. Y esta separación marca. Está muy bien para ir de paseo, para desconectar de la ciudad pero es también un lugar duro para vivir. Unos cuantos bares, unas pocas tiendas y muchos prados, montes, árboles, ... La principal riqueza es el ganado y el campo. El mundo rural ata; no te puedes ir de vacaciones porque las vacas comen todos los días. Mira, por ese lado un problema menos, no hay síndrome.

Como este blog trata sobre las relaciones clientelares, no puedo dejar de comentar dos lugares que existen en Karrantza. El primero es un bar tienda, situado en la carretera principal cerca de los Baños de Molinar. Los lugareños lo llaman con coña “El Corte Ingles” porque allí se puede encontrar de todo, desde unas pelotas de tenis hasta un hacha para cortar madera, pasando por otros productos más previsibles: queso, embutidos, vino, verduras, etc. Es más parecido a una cuadra con cajas que a un comercio, y las fechas de caducidad son siempre orientativas. Venden botes de pintura pero solo para los clientes y visto desde el exterior, el edificio pareciera que va a caer en cualquier momento. Desde luego no se le puede discutir su personalidad, aunque en la ciudad no pasaría ningún control.

El segundo lugar es también un pequeño bar –es lo que hay en los pueblos, bares- situado en el barrio de Ranero, cerca de las cuevas de Pozalagua. Está mejor conservado y limpio, pero sobre todo me gusta porque es el reino de la tertulia. Allí siempre está Monchu, un señor al que le pusieron la sonrisa en la boca y todavía no sabe como quitarla. Me gusta también porque ofrecen productos que no vienen del mercado sido de sus huertas. Tienen gallinas, cerdos y hacen las cosas en casa. Es el reino del colesterol bueno: panceta, chorizo, morcilla, etc. Nada de bollería industrial.

Las vacaciones son una buena oportunidad para viajar, para conocer otras realidades, aunque no hay que hacer muchos kilómetros para encontrar otros mundos en peligro de extinción.

viernes, agosto 01, 2008

Música en libertad



Estoy de luto, esta semana ha sido la última de “Clásicos Populares” el particular programa de Fernando Argenta. A los que nos gusta la música en libertad, nos han dejado un poquito huérfanos.

José Julio, mi sacapuntas particular me echaba en cara hace unos días que vaya morro, que me voy a Munich a ver una ópera y solo escribo sobre cerveza. Yo le discutía que no acabo de entender porque es mejor hablar de cerveza que de ópera, sobre todo si se está en Munich. Operas hay en muchos sitio, cerveza también, pero es evidente que las de Munich no son cualquier cosa.

En Munich vimos Eugene Onegin, de Peter Tschaikowsky. Dentro de la sala escasas diferencias con lo que se puede ver en cualquier otro lugar: gente elegante, ropas caras, etc. La ópera es un buen lugar para dejar claro que uno tiene dinero; aunque la entrada para ver un partido de fútbol o una estrella de rock cueste lo mismo o más. La ópera tiene otro valor, en Bilbao y en Munich.

Algo si era diferente: “opera für alle”, opera para todos. Una pantalla gigante en el exterior para que el que quisiera pudiera seguir la función desde la calle sin pagar. Y al acabar, los cantantes saludando desde la puerta de entrada para recibir los aplausos desde la plaza.

Los clientes no son siempre los que pagan.

martes, julio 22, 2008

Una experiencia de World Café



Hace unas semanas participé como asistente en un World Café organizado por el Departamento de Promoción Económica de la Diputación Foral de Bizkaia. Aquella interesante experiencia me sirvió para conocer el método. Después lo he aplicado recientemente en una empresa industrial con la que colaboro como consultor. No es fácil trabajar con un grupo amplio sin caer en la formula del ponente que habla y el auditorio que escucha.

Cuarenta personas de una misma empresa hablando sobre su trabajo, sus clientes, sus modos de mejorar su respuesta ante ellos. Algunas personas se conocieron personalmente en la reunión. Es lo que tiene vivir pegado al teléfono y a la pantalla; tenemos relaciones sin cara.

Interesantes conversaciones; no hizo falta animar a la charla, surgía con facilidad. Al final les solicitamos que cumplimentaran una pequeña encuesta de satisfacción y todos estaban realmente contentos, convencidos de que habían participado en una experiencia que merecía la pena repetir.

Enrique Sacanell me decía hace unos días que en un World Café lo importante son las preguntas, que su formulación es la clave del éxito. En un World Café y en cualquier lugar pienso yo. La primera pregunta funcionó muy bien, pero tuvimos que modificar sobre la marcha la segunda, especialmente porque en parte ya se había respondido con la primera.

Quedo volando la sensación de que las conclusiones son demasiado abiertas. Cuando las conclusiones las hace una sola persona es más fácil precisar, hacer planes, marcar objetivos bien definidos. En grupo es más complicado. Se echaba de menos algún mecanismo que precisara estas conclusiones finales.

Pero ¿cuál es el objetivo de un World Café?. Los asistentes realizan tareas muy distintas para unos clientes comunes. Hablar, charlar, compartir experiencias y perspectivas es en si mismo una tarea interesante.

Mi sensación final es que lo más interesante es el proceso, mucho más que las conclusiones.

miércoles, julio 16, 2008

Bebidas


Este fin de semana he estado en Munich. Muchas cosas interesantes; una de ellas la cerveza. Nunca hubiera imaginado que es posible beber tanta. Del “be water” al “be beer”. A la vuelta me siento incapaz, siquiera de beber una cuarta parte.

Sorprende la diversidad de cervezas; de cebada, de trigo, tostada, normal, negra, elaboradas por distintos fabricantes, etc. Todas realmente interesantes.

Las bebidas hacen diferente efecto dependiendo del lugar en el que las bebemos; sabe y sienta mejor una cerveza en Munich, un tequila en México, un ribeiro en Galicia o un txakolí en Euskadi. Es una opinión, mi opinión; y creo además que no afecta únicamente a las bebidas. Un fado o un tango no suenan del mismo modo fuera de Lisboa o de Buenos Aires.

A la vuelta en avión, uno de mis compañeros de viaje pidió una Coca Cola. La “chispa de la vida” es otra cosa, tiene origen pero está casi olvidado, sabe igual en cualquier parte. Esto tal vez sea una ventaja para la empresa pero no tan claro para los usuarios. Dado que su volumen de consumo mundial es muy elevado, podría haber más variedades y más fabricantes. Imaginen ustedes una conversación: “Mira, esta Cocacola la hace un pequeño fabricante local, tiene un sabor afrutado y suave”.

Lo mejor, su descripción de sus ingredientes, todo un ejemplo de transparencia de un producto "natural".

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