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miércoles, julio 04, 2012

El lugar donde suceden las cosas


La semana pasada estuve en unas sesiones con Cecilio Regojo, organizadas por la fundación EDE. Cecilio es un ingeniero que en el pasado se dedicó a montar empresas. Quebró en dos ocasiones y a pesar de ello siguió insistiendo hasta que un día decidió seguir por otro camino, quiebras aparte.

Ahora se dedica a hacer constelaciones organizacionales, una actividad bastante esotérica en la que clientes proponen cuestiones para que otras personas, en calidad de representantes, se muevan en una sala para contarnos lo que sienten. Los clientes viven su cuestión a través de las vivencias de los representantes. Cecilio, como buen ingeniero, intentó durante tiempo encontrar una explicación lógica de las constelaciones, pero ya ha abandonado el intento.

Nos planteo un ejercicio: tres personas moviendose por la sala. Los demás (más de veinte personas) teníamos, cada uno por su lado, que identificarnos con una de estas tres personas, asignando a las otras dos un papel en relación a una cuestión propia que cada uno pensamos previamente en silencio. Yo disfrute de los movimientos de “mis” representantes.

Al final del ejercicio, Cecilio nos planteo que: “todo está en la mente de la persona que observa, las constelaciones no existen salvo en su mente". Este ejercicio me hizo pensar que algo similar sucede en la vida cotidiana: vemos como se mueven los demás y pensamos que algo sucede fuera, pero lo único real es nuestra propia interpretación.

domingo, marzo 20, 2011

Gacelas

Llevo varios días dándole vueltas a un texto para publicar en este blog, pero no me acabo de decidir. Los sucesos me hacen vacilar, mueven mis ideas.

Estaba escribiendo un texto sobre las gacelas, comentando el video de Emilio Duró de mi post anterior . Las gacelas, cuando ven un león, corren como locas hasta que una de ellas es atrapada, momento en el cual las demás dejan de correr para seguir pastando plácidamente. El mal de una es la tranquilidad del resto.

Los seres humanos no somos gacelas, tenemos memoria y el recuerdo de los males pasados nos prepara para prevenir los males futuros. Esta capacidad la hemos convertido en una afición: nos gusta “estar preocupados”, seguir pensando en el peligro cuando ya ha pasado o cuando no nos afecta. Basta con ver el “consumo” de dramas en la literatura, el cine o la ópera.

Estaba yo en esto cuando, subitamente, la tierra se movió en Japón. “Vaya, cualquiera se atreve a afirmar ahora que no hay que preocuparse, con la que está cayendo” pensé.

Poco después acudí a un curso de “Constelaciones Estructurales” organizado por Chus Sanz y Guillermo Echegaray con la presencia de Matthías Varga von Kibed. Fui sin conocer muy bien que era esto de las constelaciones y me encontré con unas experiencias que escapaban a un análisis racional: personas que se mueven por una sala y que cuentan sus sensaciones en relación con el resto. Visto desde el exterior, pareceríamos los miembros de una secta peligrosa.

Pero yo estaba dentro, y sin entender muy bien lo que estaba sucediendo, las “constelaciones” reforzaron la idea de la comunicación subconsciente. Nuestra mente recibe mensajes que nuestra razón no es capaz de procesar, por ejemplo cuando sentimos algo ante una persona desconocida o una situación nueva, sin saber muy bien que sentimos ni por qué lo sentimos.

Todo ello me hizo intuir –que no razonar- que nuestra afición por los dramas tiene justificaciones subconscientes. Mis preocupaciones por las centrales nucleares japonesas no son de mucha utilidad para bajar la temperatura de los reactores, pero tal vez tengan otras utilidades, en clave de futuro. De hecho, la opinión pública se puede entender como el resultado de las preocupaciones personales.

Pero como afirmaba Emilio Duró, la preocupación tiene también una importante parte sufrimiento inútil. Aprender quitarnos las preocupaciones “superfluas” puede ser tan buen ejercicio como quitarnos los kilos de más.

Yo, como resumen final, me quedo con las gacelas.

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