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miércoles, noviembre 06, 2013

Vivir con partituras

El pasado jueves estuve en la charla inicial de Konpartitu, nueve charlas en la sala de la Filarmónica en Bilbao, planteadas con el objetivo de hacer la música más amena y comprensible. No acabo yo de entender comentarios como “eso de la música no es para mí”, “tengo muy mal oído”, “la práctica musical es solo para unos pocos”. No imagino unos comentarios equivalentes, por ejemplo con la lectura: “yo no leo porque tengo muy mala vista”.

Konpartitu pretende abordar, desde ahora hasta el próximo mes de junio, temas muy diversos: obras recompuestas, las emociones y la música, historia de las improvisaciones, los sonidos de la voz, cantos de trabajo, la flauta flamenca o el análisis de obras de Bach (“Pasión según San Juan”) y Schubert (“La bella molinera”).

En la primera charla, Susana Ruiz nos hizo conscientes del milagro del instrumento que todos llevamos: nuestra voz. Empezamos a hacerlo sonar por una tos (el primer sonido, para evitar atragantarnos) y lo hemos convertido en un mundo infinito de posibilidades. Lo llevo a la práctica Maite Maruri, con el acompañamiento del piano de Georgina Barrios.

La siguiente charla es el viernes 15 de noviembre “Tropos, obras clásicas recompuestas”. Nos hablarán de todo lo que se puede hacer a partir de lo que otros hicieron en el pasado. Reciclaje creativo, tarea importante en este mundo que nos ha tocado vivir.

lunes, mayo 24, 2010

Todo en el mundo es burla


El sábado pasado estrenamos Falstaff, ópera cómica sin muertos, gesto sarcástico de un Verdi de 80 años, que se ríe de si mismo.

Los finales verdianos son dramáticos, con padres que matan a sus hijos (Rigoletto), hermanos que matan a hermanos (Trovador), maridos celosos que matan a sus mujeres (Otello) o mujeres que deciden morir junto a sus condenados amados (Aida). Una larga lista de horrores, que era lo que al público de la época le apetecía.

Con esta carga a sus espaldas, se entiende que Verdi, octogenario y muy famoso, se hiciera un guiño a si mismo, poniendo en cuestión la base de sus propios argumentos: ¿qué es el honor?, una palabra, ¿qué hay en esta palabra?, el aire que vuela …, ¿quién es el cornudo?, el, tu, ellos … todos.

La ópera acaba con una gran risotada general, “todo en el mundo es una burla”. ¡Genial, maestro, es usted el mejor!

Los aficionados actuales al drama, tan numerosos como en época de Verdi, piensan que esta ópera no representa el verdadero estilo de su autor, que don Giuseppe se dejo llevar por las modas musicales de fin del XIX. Tal vez sea cierto, pero es también posible que Falstaff sea la única composición verdaderamente sincera de su autor, en un momento de su vida en el que le importaba nada la opinión ajena.

PD: La foto es de Enrique Moreno Esquibel

lunes, marzo 08, 2010

Fiesta de la música en directo



Los músicos ya no ingresan por la música grabada. Tal vez sea un problema pero como todo lo que cambia, tiene también sus efectos secundarios: hay más música en directo lo que, desde el punto de vista de los aficionados, es realmente una gozada.

Este finde pasado, una vez más festival Musika Musica en el Palacio Euskalduna. Agotadas las entradas para la mayor parte de los conciertos y un montón de música por todas las esquinas. Para muestra, bien vale una foto, la del vestíbulo, ayer domingo al mediodía. Una verdadera juerga.

viernes, octubre 23, 2009

Billy Budd y la capacidad de hacer lo difícil


Mañana estrenamos Billy Budd. Después de un año de ensayos, llega el momento de la verdad. Para un coro como el nuestro, formado por personas que no nos dedicamos al canto de modo profesional, casi todos con otros trabajos, cantar Billy Budd es casi un milagro.

Billy Budd (libreto, obra) es realmente una ópera muy interesante, no solo por la música. Algunas otras óperas tienen libretos que no servirían para la peor función de teatro, pero no es el caso. Una oportunidad interesante, estos días en el palacio Euskalduna (24, 27, 30 de octubre y 2 de noviembre).

Es también un buen ejercicio para analizar lo que sucede con las tareas complejas. La secuencia es casi siempre igual. Momento primero, la decisión “no somos capaces, pero el reto es grande, ¡vamos a intentarlo!”. Momento segundo, pánico “¡cómo nos hemos metido en este lío!, no vamos a poder”. Momento tercero, “ha salido, pero hay muchas cosas que mejorar”.

Es un proceso que se repite, el pánico intermedio nunca llega a mayores pero parecería que todo se va a ir al traste. También las mismas personas las que parecen estar aterradas. Nos deben marcar al nacer si vamos a pertenecer al club de la botella medio vacía o medio llena.

Al final el público (nuestros clientes al fin, que este es un blog de relaciones clientelares) no es consciente de la dificultad ni tampoco a menudo nos valora por lo que a nosotros desde dentro nos agobia, con lo que uno se queda con la sensación de que tanto terror intermedio solo nos divierte a nosotros mismos, no forma parte del espectáculo.

domingo, mayo 31, 2009

Música de consumo



Escucho en Radio Dos una frase para pensar: “la música clásica se está convirtiendo en un producto de consumo”. No recuerdo los nombres de las dos personas que conversaban, pero si que reivindicaban una música de calidad, valorada en sí. Eso de que la gente se compre un CD de Mozart para hacer ambiente, pues como que mal.

Después de estos comentarios pusieron una pieza compuesta por uno de los dos interlocutores, una composición difícil de escuchar, que uno no sabe que haría con ella si la tuviera entre mis discos. Probablemente olvidarla.

Después de la conversación llegue a la conclusión (mi conclusión obviamente) que la música (el arte en general) ha sido siempre un producto de consumo. Hay varios ejemplos de creadores que trabajaron sin el aliento de su público, pero si esas obras son hoy conocidas es porque después a alguien le pareció que aquello era un producto interesante, por el que merecía la pena pagar. Muchos otros creadores se vieron espoleados en vida por sus forofos seguidores.

No entiendo las críticas del consumo de una buena música (o de cualquier otra creación).

miércoles, enero 28, 2009

Velas y mentiras



Todo el fin de semana sin luz, desde el viernes a la noche hasta el domingo por la tarde. Mi casa no está preparada, todo funciona con energía eléctrica. Me podía haber ido pero decidí quedarme; una radio a pilas, latas de conserva, una linterna y el cajón de las velas.

Las velas te llevan al pasado; con ellas vivían nuestros tatarabuelos. La mente funciona distinto entre velas; todo sombras, zonas oscuras. La luz eléctrica pone todo a la vista, crea la ficción del día en la noche. Las sombras dan miedo, nunca sabes que peligros puede surgir.

Hace unos día acabé de leer el libro de de Eduardo Punset “Por qué somos como somos”. Muy interesante, un montón de respuestas simples a preguntas complejas. Las respuestas casi nunca son definitivas, pero las de Eduardo lo parecen. A mi me generan una doble sensación de alivio y vacío: “tantas vueltas para esto”.

Cuenta por ejemplo los motivos por los que los seres humanos hemos aprendido a mentir. El resto de animales no mienten –excepciones habrá- pero el “homo sapiens” sí. Todo tiene su explicación, necesitamos mucho tiempo y muchos cuidados para que nuestro voluminoso cerebro madure y estos cuidados no los puede suministrar únicamente un progenitor, son necesarios los dos. A los machos lo que nos gusta es ir fecundando hembras en celo allá donde estén, sin preocuparnos de más, y las hembras no tienen más remedio que engañarnos para que no las abandonemos. Nos hacen creer que están siempre en celo y no las abandonamos … y de paso ayudamos a cuidar a la prole.

Explica también Eduardo como el proceso de enamoramiento dura tres años, que es el tiempo en que se segregan en nuestro cerebro unas determinadas substancias. A los tres años tenemos que empezar de nuevo, aunque no es obligatorio cambiar de objetivo, nos podemos reenamorar de la misma persona.

Este tipo de explicaciones podrán ser muy científicas pero son tristes. Es mucho más bonito pensar en los valores positivos, la familia, la entrega, etc. Es como la religión; pensar en nuestra existencia sin una expectativa de vida después de la muerte es triste. Comenta Eduardo que, a pesar de que no existe ninguna evidencia de la creación de la vida como resultado de una acción externa, casi la totalidad de la población del planeta lo cree firmemente.

La vida sin una dosis de ficción no tiene sentido, no se puede vivir entre sombras sin explicaciones. ¡Viva la literatura!.


PD: Por cierto, habla también de la música, todos podemos ser unos músicos aceptables si lo trabajamos un poco, preferentemente desde niños. Y que la práctica de la música mejora nuestra mente en su conjunto. No hay excusa, nos podemos olvidar de la frase: “es que yo tengo muy mal oído”.

martes, octubre 14, 2008

Hacer play back



Conversación reciente con unos amigos: “a un compañero de nuestro hijo le ha dicho la profesora de música que haga play back”. La conversación se refiere a un niño de diez años que acude a clase de música en un centro escolar. Como sucede en muchas ocasiones, alguien ha decidido por los demás.

Lo comento con horror porque entiendo la música como una actividad necesaria. Creo sinceramente que cantar o interpretar un instrumento mejora la vida propia y de quienes nos rodean. Música como actividad para la que todos estamos capacitados, del mismo modo que lo estamos para leer o para sumar. No todos seremos Pavarotti, pero tampoco todos somos García Márquez o Albert Einstein.

Aprendí a cantar con mi amiga Anabe (no la puedo vincular porque vive felizmente en el mundo 1.0). Anabe me contó algo interesante: las personas que afirman no saben cantar, que tienen mal oído, son víctimas de un comentario escuchado en su infancia: alguien les dijo que no sabía cantar y se lo creyeron a pies juntillas. Se quedaron con el mensaje para el resto de sus vidas y no se atrevieron a intentarlo, del mismo modo que otras personas con el comentario contrario se abrieron sin temores al mundo musical. Este pensamiento inicial determino las ganas de cantar o de callar de cada uno.

Como dice Barack Obama, “podemos”, ya que el problema no está en nuestras cuerdas vocales o en nuestros tímpanos sino en nuestras neuronas.

viernes, agosto 01, 2008

Música en libertad



Estoy de luto, esta semana ha sido la última de “Clásicos Populares” el particular programa de Fernando Argenta. A los que nos gusta la música en libertad, nos han dejado un poquito huérfanos.

José Julio, mi sacapuntas particular me echaba en cara hace unos días que vaya morro, que me voy a Munich a ver una ópera y solo escribo sobre cerveza. Yo le discutía que no acabo de entender porque es mejor hablar de cerveza que de ópera, sobre todo si se está en Munich. Operas hay en muchos sitio, cerveza también, pero es evidente que las de Munich no son cualquier cosa.

En Munich vimos Eugene Onegin, de Peter Tschaikowsky. Dentro de la sala escasas diferencias con lo que se puede ver en cualquier otro lugar: gente elegante, ropas caras, etc. La ópera es un buen lugar para dejar claro que uno tiene dinero; aunque la entrada para ver un partido de fútbol o una estrella de rock cueste lo mismo o más. La ópera tiene otro valor, en Bilbao y en Munich.

Algo si era diferente: “opera für alle”, opera para todos. Una pantalla gigante en el exterior para que el que quisiera pudiera seguir la función desde la calle sin pagar. Y al acabar, los cantantes saludando desde la puerta de entrada para recibir los aplausos desde la plaza.

Los clientes no son siempre los que pagan.

lunes, junio 23, 2008

Más tipos de música




Mi amiga Mila me hace llegar una interesante información sobre un nuevo tipo de música. Es la que hace la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar, de Venezuela. Realmente interesante; y una constatación de que es posible tener un director y sentirse libre; las dos cosas al mismo tiempo y en el mismo lugar.

Mila propone aplicar este modelo a las orquestas que nos rodean. Tengo que reconocer que mi capacidad de imaginar realidades distintas a las que conozco, es bastante limitada. Las orquestas de esta parte del océano –las que yo he conocido, varias- se parecen nada a un espacio para la motivación personal. Pero tengo también que aceptar que en el pasado no fui capaz de imaginar algunas realidades actuales.

Más información: 1, 2

martes, junio 03, 2008

Tipos de música



















A mi amigo Delfín le gusta el jazz. A mi también aunque yo más bien debería definirme como un todoterreno musical, me gusta casi todo lo que tenga que ver con sonidos emitidos con alguna coherencia. Delfín propone una cuestión interesante: los músicos que interpretan una partitura no son libres, tienen un camino marcado del que no se pueden salir. El jazz permite la libertad del interprete, lo cual concede a este tipo de música un valor especial.

Poco después de esta conversación leo en el blog de Julen una contestación de Guillermo que afirma que las orquestas necesitan un director, sin el cual no es posible la música. Vaya, precisamente el argumento contrario. ¿dónde estará el punto de equilibrio?.

Yo conozco el mundillo de la música clásica por dentro, y tengo la sensación de que algunos músicos profesionales son como funcionarios autómatas, tocan lo que les corresponde sin el menor atisbo de emoción. Tal vez sea injusto con ellos, pero esa sensación me transmiten. Una sensación imposible de percibir en un músico de jazz. También conozco el caso contrario, músicos para los que la partitura no es en absoluto una limitación de su expresión.

Pero también es cierto que el jazz está limitado. Habitualmente, los músicos de jazz improvisan de uno en uno, primero el saxo, luego el piano, ... no es lo mismo un grupo de tres que otro de treinta. Improvisar entre treinta es muy complicado y las grandes bandas de jazz acaban siendo orquestas con partitura y director.

Conclusión aparente: un proyecto complejo requiere una dirección mientras que un proyecto simple se puede realizar dejando mayor libertad a las personas. ¿Es realmente así o puede haber proyectos complejos sin dirección, basados en la iniciativa individual?.

No es fácil buscar ejemplos de este tipo de proyectos, o por lo menos yo no los conozco. Tal vez las nuevas tecnologías lo permitan. Es en todo caso un objetivo realmente interesante: proyectos complejos sin dirección.

miércoles, abril 09, 2008

Los clientes de la música







Hace unos días publicaba Mikel Mesonero un post en el que rompía pudores escribiendo sobre su afición: el fútbol. Yo comparto este mismo pudor inicial, no me gusta escribir en este blog sobre temas demasiado personales, tal vez porque no me apetece contar mi vida a personas que no conozco. No obstante, José Julio, que es capaz de escribir sobre su propia enfermedad (grave) a pocos días de haberla sufrido, me dice que ya me vale, que solo escribo de clientes.

Bueno, hoy tecletearé sobre otra cosa, sobre la música. Las personas nos emocionamos por muy diferentes motivos. Por quienes nos rodean, especialmente cuando nos enamoramos o nos reproducimos. Pero también podemos emocionarnos con una puesta de sol, una buena chuleta, la victoria de “nuestro” equipo, un cuadro, o incluso cuando somos capaces de acabar un crucigrama.

Yo me emociono con la música. No sucede a menudo pero si en algunas ocasiones, y con músicas de diferentes características: clásica, opera, jazz, etc. En algunos momentos provoca en mi emociones que no soy capaz de controlar. Intuyo que mi propio estado anímico es parte importante, pero también depende de la calidad de la música que escucho. Algunas interpretaciones son memorables, tanto por el dominio técnico de los músicos como sobre todo por su capacidad de transmitir emociones. Es como un actor, que es capaz de vivir un papel, después de memorizarlo.

Me emociono con la música pero solo cuando la escucho en directo. En una música grabada no hay posibilidad de emoción, no hay una relación directa. La persona que interpreta, que canta, que toca un instrumento se “alimenta” de las sensaciones de las personas que tiene delante, del mismo modo que estas personas se “alimentan” de la música que reciben. Una excelente sesión musical es el resultado de las dos partes.

Por ese motivo son importantes los aplausos y los gritos del público. Hasta las pataletas son importantes. Son el alimento del músico. En los conciertos y funciones de opera hay siempre personas que se van sin aplaudir, justo en el momento en que acaba la música. Tal vez no les haya gustado la función, o tal vez tengan prisa por hacer otras cosas. Para mi están robando el precio de lo que han recibido, del mismo modo o peor que si no hubieran pagado la entrada.

La relación con el público es fundamental. Recuerdo la película “Amadeus”; una representación de “La Flauta Mágica” en la que el público asiste como a una fiesta en la calle, comentando, moviéndose, ... no como ahora, en silencio. Si esta era la forma habitual de representar ópera en el siglo XVIII, no puedo por menos pensar en el paralelismo con un concierto de rock actual, en el que hay una relación continua entre público e interpretes. Casi lo mismo que en un partido de fútbol.

Al final no puedo dejar de hablar de clientes (ya lo siento José Julio). La música con emoción existe porque hay personas que quieren comprarla, con su dinero y con sus aplausos, con lo que sea, pero sin esta relación bidireccional, “mercantil”, no hay emoción. Opino.




PD: La foto está sacada en la Arena de Verona, donde se acude a ver una opera (en este caso Madama Butterfly) como a un partido de fútbol; eso si, en silencio.

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