viernes, abril 03, 2020

Pantallas en la cuarentena

Un amigo, al que supero en edad por varias décadas, me preguntó hace ya unas semanas por lo que había cambiado en mi vida desde que tengo recuerdo. Pregunta inocente que se convierte en obsesión divertida, más ahora cuando nos vemos obligados a parar.

Nací en Bilbao el año 1955, en una familia “acomodada”. Una época, para mi, tranquila, con muchas rutinas. Con el inicio del curso empezaban las lluvias, luego Navidad sin Olentzero ni Santa Claus, la cena de Nochevieja con sus petardos y con aquel familiar lejano al que no veíamos el resto del año. Después vuelta a clase, Semana Santa, fin de curso, hoguera de San Juan, vacaciones, playa, … y vuelta a empezar.

Da vértigo pensar que, unos pocos años antes, nuestros familiares habían vivido una guerra y una postguerra de la que se hablaba poco. Mi padre y mi suegro, en bandos diferentes, contaban ambos anécdotas curiosas; imagino que, en el recuerdo del horror vivido, preferían ahorrárnoslo.

Mi mundo infantil era pequeño, unas cuantas calles del centro de Bilbao, más allá de las cuales empezaba lo desconocido. Recuerdo los temores provocados por la visita de una familia guineana, piel negra como el carbón. O los horrores ante un embarazo de soltera. O la desconfianza ante quién venía del más allá “estos son de Recalde, ¡seguro que serán unos quinquis!”.

Aquel mundo fue creciendo poco a poco, entre otros motivos por un cambio aparentemente intrascendente que se produjo en mi vida: un objeto de madera, con cara de cristal y altavoces. “Es para que se entretenga el abuelo, tú hijo estudia y lee, que esto distrae mucho” me dijo mi padre muy serio.

Fue la única pantalla durante varios años, hasta que llegó la segunda: un ordenador (3.000 euros de 1986) con el que se podía escribir (borrar y corregir sin dejar rastro, ¡magia!) y hacer cálculos. Faltaban todavía unos años para que las nubes fuesen algo más que un anuncio de lluvia y los teléfonos perdieran el cable que los amarraba a la pared.

En aquella época participé en un estudio en el que preguntábamos a empresarios y profesionales cuestiones cómo “¿utilizaría un sistema que, a través de ordenadores conectados, le permitiera enviar cartas, realizar gestiones con su banco, gestionar pedidos, etc.?” A partir de las respuestas calculamos un número de posibles usuarios, número que provocó hilaridad en la reunión de presentación de resultados. El futuro era casi imposible de imaginar.

Unos pocos años después contesté a las preguntas de otro estudio sobre la posibilidad de utilizar teléfonos sin cable. Recuerdo, con cierto sonrojo profesional, mis escépticas respuestas y mi incapacidad de adelantar el futuro que nos llegaba.

Las pantallas múltiples finalmente invadieron nuestras vidas generando una doble sensación de utilidad y de exceso, sensaciones ambas que se hacen ahora más evidentes con la cuarentena. Gracias a las pantallas estamos conectados y con ello se nos hace un poco más liviano el aislamiento. Gracias a las pantallas podemos, en muchos casos, seguir trabajando desde nuestras casas. Gracias a las pantallas tenemos información de lo que está sucediendo, aunque sea muy difícil discriminar la fiabilidad de las fuentes.

Un atracón digital, difícil de digerir. Ahora más que nunca vuelve a mi recuerdo el aviso de mi padre: “esto distrae mucho”. Se me ocurre que podríamos hacer cuarentena digital, una vez acabe esto.

miércoles, marzo 11, 2020

Los ODS como herramienta de gestión


La semana pasada Euskalit entregó los premios sobre la Integración de los ODS en las organizaciones. Seis organizaciones finalistas presentaron sus experiencias y un jurado, por una parte, y el público por otra, seleccionó/seleccionamos la mejor. Los reconocimientos fueron al Centro de Formación Somorrostro y la Red de Parques Tecnológicos de Euskadi, que se presentaba junto con Lauaxeta Ikastola, EHU/UPV, AZTI Tecnalia y A&B Laboratorios de Biotecnologia.

Los ODS son 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible, aprobados por 193 estados en la sede de Naciones Unidas en 2015. Abordan ámbitos tan diversos como la pobreza, la salud, la educación, la igualdad, el agua, la energía, el empleo o el cambio climático.

La iniciativa de Euskalit parte de la idea de que unos objetivos de ámbito global, “planetarios”, son también de utilidad en el ámbito de las organizaciones. Si queremos alcanzarlos tendremos que asumir que son tarea colectiva, que nos afecta como individuos, más allá de los estados firmantes.

Escuchar las seis presentaciones (máximo 12 minutos cada una) da una idea del despliegue actual, que bien podría titularse “difusión y reconocimiento”. Varias experiencias en torno a la difusión, centradas especialmente en las personas más jóvenes. De las seis organizaciones presentadas, tres son centros de enseñanza.

Y también el reconocimiento de lo que se está haciendo. Es el caso de AZTI con el objetivo 14 (Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, mares y recursos marinos …) y A&B Laboratorios con varios de los objetivos relacionados con el medio ambiente. También el reconocimiento de los centros de enseñanza en relación con el objetivo 4 (Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa …).

Más allá de la difusión y el reconocimiento, está la posibilidad de utilizar los ODS como fuente para generar propuestas nuevas, identificar y desplegar acciones alineadas con ellos. Pensando en esta posibilidad surgen dos diferentes caminos:
  • Utilizar los ODS como un conjunto. Realizar un ejercicio de reflexión sobre todos y cada uno de los 17 objetivos con una pregunta básica ¿Qué podemos hacer?
  • Centrarnos en uno o dos objetivos concretos, los que mejor se relacionen con la actividad que desarrolla nuestra organización, buscando acciones específicas en este ámbito.

Como ejemplo de la primera opción, el premiado Centro Formación Somorrostro se ha marcarse objetivos para cada uno de los 17 ODS, realizando también una reflexión en la que los cruza con los diferentes grupos de interés y los valores del centro.

Imagino que esta posibilidad, más allá de algunos casos concretos, pueda resultar excesiva y que sea de mayor utilidad la segunda via: centrar esfuerzos en alguno de los ODS, seleccionado en función de la experiencia, medios y posibilidades de cada organización. Veremos.

Para mayor información sobre los ODS: Unesco Etxea.

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