jueves, marzo 17, 2016

Conversaciones circulares

En el último taller surgió el tema de las conversaciones circulares, que vuelven una y otra vez al mismo punto; las mismas preguntas y las mismas respuestas. Repetición estéril y agotadora. La solución sencilla: no continúes, corta la conversación, acepta la imposibilidad de avanzar en la conversación.

Después me quedé pensando si era la única solución ¿podemos hacer algo más?, tanto en el plano de la conversación externa (con las personas afectadas) e interna (con nosotros mismos). A menudo, nuestras conversaciones circulares son internas, pensando en conversaciones alternativas que podíamos haber desarrollado, sin que lleguemos por ello a llevarlas a la acción; fantasmas que habitan en nuestra mente.

Si estamos en una conversación circular, y antes de abandonarla, podemos probar alguna de las siguientes alternativas:
  • Reforzar la escucha. Algunas conversaciones circulares lo son porque no nos paramos a pensar lo que puede haber de interesante en lo que nos dice la otra persona. Son monólogos sucesivos. Hacernos sistemáticamente la pregunta “¿qué hay de positivo en esto?” tal vez nos pueda ayudar a desatascar alguna conversación.
  • Repetir la conversación en clave de humor. ¿es la misma conversación? o tal vez le estemos quitando parte de la carga emocional negativa con un poco de tono jocoso.
  • Incorporar nuevos interlocutores. No siempre funciona, sobre todo si se interpreta que alguien viene de abogado de uno de los interlocutores, pero alguien ajeno probablemente aportará claves distintas a la conversación.
  • Cambiar el escenario de la conversación. Los lugares tienen en ocasiones vida propia, y una misma conversación puede ser diferente en función del escenario donde se produce.

Se puede probar, y en todo caso volver a la solución primera: abandonar. Me viene al recuerdo aquel viejo refrán de que dos no discuten si uno no quiere.

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